Puerto Esperanza, el pueblo pesquero de Cuba que cambió la esperanza por la supervivencia

2026-10-07 12:53:29 - MUNDO

Pinar del Río, (Cuba), 7 oct (EFE).- En Puerto Esperanza el tiempo parece detenido: los pescadores luchan cada día por poder subsistir, sin combustible ni electricidad, en una dura vida, en medio de la crisis cubana, que dificulta hacerle justicia al nombre de este pueblo pesquero de la provincia de Pinar del Río, a 200 kilómetros al occidente de La Habana.

Al amanecer, cuando la niebla aún envuelve los viejos embarcaderos de madera carcomida, los pescadores empujan sus rústicos botes de madera y se aventuran a salir al mar para buscar el sustento diario.

A los retos propios del mar, se le añade un grado más de dificultad con la escasez y el encarecimiento del petróleo, indispensable para echar a navegar los barcos o mantener el pescado fresco.

"La vida del pescador es dura, muy difícil", cuenta a EFE, Eusebio Pérez, un lugareño de 70 años que se dedica a lo que llaman pesca deportiva (no profesional), un oficio en el que ya suma ocho años.

El anciano, mientras limpia su bote tras una noche de pesca de pargos, cuberas y peces pluma, reconoce que, pese a todas las dificultades, el oficio le permite "mantener a su familia" y vivir "normal".

Más inversión, pero menos pescado

Su compañero, Alexis González, de 45 años, ancla su bote averiado en el desecho puente de madera del puerto del municipio.

Con una reparación por delante, el pescador relata a EFE, cómo cada jornada se vuelve más "complicada" para los pescadores, sobre todo ante la escasez de combustibles.

"Hay que salir a pescar todos los días para poder subsistir y hacer algún dinerito, pero el combustible vale mucho y es más la inversión de lo que pescas", expresó.

González tenía también una carpintería, pero la crisis le obligó a abandonar ese trabajo.

Ahora invierte en promedio unos 11.000 pesos cubanos (14 dólares/12 euros al cambio informal) cada día "para ir a pescar" pues el litro de petróleo en el mercado negro alcanza los dos dólares y su bote necesita entre cinco y ocho litros en cada salida.

"A veces no se pesca nada, y viras vacío, y hay veces que ni el petróleo pagas. Y otras, llegas y no tienes cómo vender el producto por el tema de la corriente", puntualiza este pescador.

En Puerto Esperanza solo están recibiendo unas dos horas diarias de electricidad, por lo que González no puede almacenar la pesca y se ve obligado a venderla en el momento.

Una situación que venía agravándose en los últimos años, tras la pandemia y la consecuente crisis interna, pero que ha terminado de exacerbarse desde enero, después del inicio del bloqueo petrolero de Estados Unidos contra la isla.

Una vida "cara" y con escasez

Pero ahí también surge la paradoja: en este poblado eminentemente pesquero de 5.000 habitantes, el pescado escasea, y cuando se encuentra es a precios elevados.

"Para un simple trabajador es imposible llegarle por lo alto que están los precios", relata José Machado, el médico del pueblo que percibe un salario de unos 8.880 pesos (11 dólares/10 euros al cambio informal). El coste de cualquier pescado no baja de los cinco dólares.

Una situación similar para Mireya Acosta que, a sus 70 años, parece haber perdido la esperanza, contradiciendo el nombre del municipio, de poder mejorar su vida en su lugar de nacimiento.

"Antes se vivía mejor, por dondequiera que salías encontrabas alimentación; pero ahora esto está que para qué", recuerda Acosta, que trabaja en una de las principales actividades económicas que quedan en la isla: el sector del tabaco.

Su oficio está en un despalillo de tabaco -donde se le quitan las venas gruesas a la hoja-, y, pese a la resistencia del sector, en esta grave crisis que atraviesa la isla, no le queda otra solución que "luchar". Lo que era un puerto de esperanza, lo es hoy de supervivencia.

Claudia Dupeirón

(c) Agencia EFE

Fuente: google.com
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